FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO
DEL CUSCO 2017
HOMENAJE AL PRIMER NOVELISTA PERUANO NARCISO ARÉSTEGUI ZUZUNAGA.
COMENTARIO SOBRE LA OBRA DE NARCISO ARÉSTEGUI “EL ANGEL SALVADOR”
Por: Julio Antonio Gutiérrez Samanez
La pregunta es: ¿Qué ocurrió para que un profesor de escolares del colegio de
Ciencias y esforzado militar se haya convertido en el primer novelista peruano
que narró escenas románticas, costumbre y temas de crudo realismo en una época
en que la literatura peruana apenas se esbozaba con la corriente costumbrista
de Manuel A. Segura o el género satírico de Felipe Pardo y Aliaga, cuando la
literatura europea transitaba del romanticismo al realismo y surgían ingenios
como Balzac, Stendhal, George Sand o Dostoyevski?
Al decir del cusqueño Eulogio Tapia Olarte: “Examinando con criterio honrado,
despojado de toda pasión, Narciso Aréstegui se yergue como una columna de
mármol, como un escritor galano; describe con profunda visión la realidad del
medio, de la sociedad conservadora; raro caso de coronel del ejército, dejando
la espada del soldado empuña la pluma y escribe la novela más fuerte de la
época, cuando los escritores del Perú, estaban postrados de hinojos ante los
frailes y gentes que traficaban con la ignorancia de las masas”
El Perú de entonces se debatía entre la anarquía de las guerras de caudillos
militares y el caos, al extremo que se añoraban las épocas de paz y orden de la
colonia. Pues, no se podía acceder a una auténtica democracia. Aréstegui fue un
activo actor de su tiempo, sensible a los cambios, a las luchas políticas y a
la búsqueda de concordia y libertad. Fue un militar aguerrido probado en mil
combates, un hombre justo, honrado y patriota. Ayudó a Echenique a encumbrarse,
pero, luego al descubrir su corrupción, buscó derrocarlo aliándose con
Castilla. Una y otra vez dejó el ejército para dedicarse a su tarea educativa,
pero volvía si la patria lo llamaba.
Precursor del indigenismo, sensible ante la brutal explotación del indígena,
formó parte de una Sociedad de Amigos de los Indios, junto con Juan Bustamante
Dueñas, ese viajero que llegó al viejo mundo y deambuló hasta el medio oriente.
Fue partícipe de la Bohemia de Palma. Su indigenismo literario fue retomado más
tarde por su paisana Clorinda Matto de Turner.
Quizá eso justifique que haya tomado la pluma para perennizar algunos aspectos
costumbristas, pero con la perspectiva de realizar la gran novela que se
esperaba para su época, aquella que pintaría a los caudillos militares, con sus
hazañas, sus pobrezas, sus odios cavernarios, deslealtades y luchas intestinas
por el poder, perdiendo de vista el porvenir de la nación. Cosa que no logró,
pues murió joven a los 46 años.
Quedan sus obras que considero
iniciales: “El Padre Horán” , “El Ángel Salvador”, y otras. Que corresponden al
realismo en la literatura del siglo XIX por que retratan las costumbres
sociales del Cusco, sus intrigas políticas, sus fiestas religiosas, sus
asonadas, costumbres ancestrales y la cruda realidad del pueblo mestizo e indígena,
sumidos en la miseria y la ignorancia.
El Padre Horán fue publicado en folletín en El Comercio de Lima y es sin duda
su obra principal que trata de escenas de la época de la Confederación Peruano
Boliviana emprendida por Santa Cruz y que fuera combatida por caudillos como
Gamarra. Allí describe el fanatismo religioso o cucufatería y a las turbas
populares que creyendo que la efigie del Taytacha de los Temblores había sido
cambiada para llevarse el original a Bolivia, realizaron una revuelta. En esa
obra un cura reputado por santo terminó huyendo tras cometer un horroroso
crimen pasional.
“El Ángel Salvador”, fue publicado póstumamente y puede tratarse de una obra
anterior a El Padre Horán, por su volumen menor, su contenido romántico y
tradicional, pues trata de los amores y desamores de un grupo de jóvenes
cusqueños de la época colonial en un Cusco aldeano y conventual. Dos jóvenes
mujeres de diferente clase social son asediadas por dos muchachos, uno plebeyo
y el otro noble (un conde), cuando aparece en escena un marqués extranjero que
es confundido como el rival del conde; sin embargo, él buscaba a una media
hermana perdida a la que debía favorecer según el testamento dejado por su
padre.
En el trayecto el conde inventa
una patraña para conseguir los favores de una de las muchachas, contando con la
complicidad de su amigo y de una beata, fingiendo la aparición del diablo y de
un ángel, pero todo sale mal, pues, disconforme, el amigo se colude con el
marqués dándole a él el disfraz de ángel, con lo que se desbarata la patraña.
Las escenas se desarrollan en los barrios de Santiago, Belén, Almudena y el
Cusco colonial.
Como escribe Eulogio Tapia, la aparición de estas novelas fue apenas mencionada
por los críticos de la aristocracia civilista de Lima o París: Riva Agüero y
los García Calderón.
Es cierto que las novelas no exhiben el colorido intimista intenso del
romanticismo, pero poseen mucho del realismo, del expresionismo y el
naturalismo ya que muestran a los personajes en relación con su medio social,
su cruda realidad y entorno natural.
La novela, según Muriac (citado por Augusto Tamayo Vargas) “Es el arte de
amalgamar los elementos prestados de la vida exterior con el conocimiento de sí
mismo”.
Las novelas de Aréstegui pecan de largas y minuciosas descripciones, monólogos
declamatorios, abuso de adjetivos, frases melosas y lugares comunes; son
escenas fragmentarias entre apasionamientos amorosos, intrigas de algún modo
ensambladas. Dice Tamayo Vargas que solo se toman prestados “elementos pasionales
de la novela romántica europea” , y se los aclimata con personajes, paisaje y
costumbres peruanas; que hay “empeño acucioso por mostrar la realidad de los
primeros años de la república”: la pobreza y abuso del indio.
Sobre “El Ángel Salvador”, Tamayo opina que “es una novela romántica muy
inferior en originalidad y trama a El Padre Horán pero fue alabada
jubilosamente por Juan de Arona”, el crítico de moda de ese tiempo. Lástima que
no dispongamos de ese prólogo laudatorio.
En suma, las novelas no tienen el preciosismo técnico o la hondura filosófica y
crítica de la novela contemporánea, que es lo que exigen algunos críticos, sin
entender que se trata de la infancia de la literatura peruana y que eso es lo
más importante, pues así se inició y fue aquí en el Cusco y no en otro lugar ni
paisaje ni tradición. Hecho que nos alienta y enorgullece.
Aréstegui murió trágicamente en
Puno en febrero de 1869, según los estudios de Germán Cornejo Pardo, fue
asesinado en un complot de los gamonales y traficantes laneros, cuando
investigaba a los culpables de la masacre de campesinos sublevados en Huancané
entre 1866 – 68 y el salvaje crimen cometido contra su colega y amigo Juan
Bustamante Dueñas.
Bibliografía:
Aréstegui Zuzunaga, Narciso. “El Ángel Salvador”, Festival del libro Cuzqueño,
Cusco 1958.
Cornejo Pardo Alfredo Germán. “Violencia política en el Sur-andino Siglo XIX”.
Puno 2013.
Sánchez Dextre, Nello Marco. “Aréstegui y la novela peruana”, Sicuani
1954.
Tamayo Vargas, Augusto. “Apuntes para un estudio de la Literatura Peruana”,
Lima 1948. Tapia Olarte, Eulogio. “5 Grandes escritores cusqueños en la
Literatura Peruana”